El juego de la comunicación política

Es un honor para mí poder colaborar con #TRICLab de la Universidad de Zaragoza. Aquí va mi pequeña aportación sobre el uso de las TRICs en la comunicación de crisis, su impacto, la creación de marcos y el juego entre diversos actores políticos y sociales.

He intentado ser lo más imparcial que puede ser una persona al hablar de un tema tan controvertido como el del Autobús #HazteOir. No espero que sea del gusto o disgusto de ningún lector. Simplemente quiero que se comprenda cómo la comunicación tiene un papel relevante y, a veces, imperceptible sobre nuestra vida cotidiana (que también es política).

Todos mis agradecimientos a J. Antonio Gabelas, Bibiana Vargas y Luis Bouza.

 

El voto a la izquierda nacionalista en Euskadi

Tras las últimas elecciones autonómicas al Parlamento vasco, la irrupción de la formación Elkarrekin Podemos ha sido, cuanto menos, contundente. De los 75 escaños en juego, ha logrado obtener 11, sustituyendo al PSOE como principal partido de la izquierda.[1] Sin embargo, Euskadi es una de las Comunidades Autónomas donde la competición partidista gira en torno a dos ejes; a saber, el eje nacionalista y el eje izquierda-derecha.[2] Por ello, la presencia de EH Bildu es más que significativa: su discurso claramente nacionalista busca atraer el voto de aquéllos electores favorables al autogobierno, pero que no se sienten ideológicamente representados por EAJ-PNV y su tono más conservador.

Este escenario induce a pensar que dentro del eje ideológico ha surgido una gran pugna por el voto de la izquierda. Pero, (H1) ¿son los votantes de Elkarrekin Podemos más de izquierdas que los votantes de EH Bildu?

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[1] De hecho, algunos académicos basan dicho éxito en el manejo por Elkarrekin Podemos de la cuestión territorial. Cf.  Pérez Nievas, S. y García-Gil, A. “Los dilemas de PSOE y Podemos en la cuestión territorial, Piedras de papel (El Diario), 16 de octubre de 2016. Disponible en: http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dilemas-PSOE-Podemos-cuestion-territorial_6_568753133.html [Consultado el 26 de octubre de 2016]

[2] Albertos, J. F. (2002). Votar en dos dimensiones: el precio del nacionalismo y la ideología en el comportamiento electoral vasco, 1993-2001. Revista Española de Ciencia Política, (6), 153-181.

Redes sociales, jóvenes y política: el futuro de la democracia

Al hablar del entorno digital, se hace referencia a un ecosistema diferente al analógico. Como acertadamente señalaba M. McLuhan, los medios son la prolongación de los sentidos y el ecosistema digital es un ágora global y universal. En este ámbito se habla del cuarto entorno, caracterizado por una ubicuidad propia (espacio y tiempo diferentes al físico), una propiedad holística (es decir, abarca a toda persona; va desde lo cognitivo a lo emocional y lo social), e incorpora dos realidades: una presencial y otra virtual.

El estudio de la Fundación Telefónica de 2015 muestra cómo el 78% de los jóvenes accede todos los días a las redes sociales, dando preferencia a la mensajería instantánea. En este sentido, los jóvenes de 16 a 24 años son los más propensos a compartir información personal en las redes sociales. Por su parte, el informe de AIMC de 2015 constata que los usuarios de 35 a 45 años llegaron a Facebook en 2013, haciendo que los jóvenes (probablemente sus propios hijos), pierdan el interés en mantener sus perfiles en dicha red social, potenciando el uso de otras aplicaciones de mensajería instantánea como Snapchat, Ask, Tinder o Instagram. El grupo de 16 a 24 años utiliza internet principalmente para participar en las redes sociales, realizar actividades educativas, descargar softwares y consultar Wikipedia. Por el contrario, en el segmento por encima de dicho grupo (25-34 años) las búsquedas en internet se enfocan más hacia el empleo. El 46,1% de los jóvenes usuarios habituales de Internet y redes sociales afirman desconfiar en la política convencional. Sin embargo, éstos son cada vez más conscientes de los problemas sociales, aumentando exponencialmente su disposición para llevar a cabo acciones de política no convencional.

Cuando se habla de participación política resulta interesante hablar de público como visibilidad y representación; hablar de política como un estadio de poder y de opinión pública. Para los jóvenes la política viene dada por un factor relacional: la competencia entre pares es un rasgo fundamental de la psicología juvenil. Siguen el dogma de ver es ser visto. La exclusión del joven por carecer de redes sociales es especialmente sensible.

La política puede darse para la red, en la red y desde la red. La política para la red implica procesos que buscan incidir en aquellos reglamentos, normativas o intentos de cierre donde la propia red es el espacio afectado. Por su parte, la política en la red se refiere a los procesos que entienden la red como una herramienta capaz de mejorar u optimizar estructuras institucionales ya existentes. Por último, la política desde la red implica el uso de la red como un espacio del que emergen formas de organización, deliberación y puesta en práctica de soluciones que conforman una nueva institucionalidad. Sin embargo, todos estos procesos necesitan de una paralela parte formativa. En este sentido, la interactividad juega un papel esencial. Como ámbito propio de la comunicación digital, la interactividad depende tanto del dispositivo que actualiza o ejecuta el usuario, como del propio usuario, que también tiene poder de interactuar (J.L. Orihuela).

Según un informe de INJUVE 2015, el sistema político es visto por los jóvenes como un mero conjunto de instituciones sin ningún tipo de legitimidad institucional. Los jóvenes cada vez demandan más respuestas concretas frente a instituciones estáticas que dicen no representarles. Existe una nueva esfera pública que ha cambiado las relaciones de poder, que vienen determinadas por una oligarquía minoritaria de influenciadores, lo cual tiene coherencia si tenemos en cuenta que el 95% de la población española es digitalmente analfabeta.

Para mayor información, visite el blog del Prof. José Antonio Gabelas Barroso.

Extracto del uda ikastaroak “La política twitteada: el alcance de la participación ciudadana a través de las redes sociales“, intervención de José Antonio Gabelas Barroso, Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Zaragoza. Investigador en Social Media y Comunicación.

Dispositivos móviles y transformación de la política

Tradicionalmente, el poder ha estado relacionado con los atributos de tamaño y posición. Sin embargo, en una sociedad crecientemente conectada, tamaño y posición dejan de ser tan determinantes, aunque siguen siendo cualidades importantes del poder.

La actual emergencia del poder relacional se basa en el poder emanado de las relaciones interpersonales. Se trata de una jerarquización con nuevas lógicas. Según esta hipótesis, quien tiene más relaciones tiene más influencia o poder. El símbolo de este poder es un dispositivo individual: el dispositivo móvil. Esta herramienta de emancipación personal atraviesa todo tipo de culturas, religiones y “desarrollos”. En menos de 10 años, este tipo de dispositivos han cambiado radicalmente nuestra vida, creando el nuevo mobile lifestyle.

Este fenómeno afecta a la política a través de lo que se ha denominado tecnopolítica. Este término, relacionado directamente con la acción política, la comunicación y la gestión política mediante la tecnología, sitúa al individuo y sus comunidades en el centro de la práctica política. En este sentido, introduce la nota innovadora de individualización. Además, la tecnopolítica obliga a repensar el ámbito de lo geográfico, pues gracias a aquélla, se han creado nuevos territorios en una geografía social con fronteras difusas. Actualmente, conocer la comunidad en la que se mueve el individuo es más útil que saber dónde vive. Emerge en este contexto el territorio digital, que transciende todo espacio y tiempo físico.

La política convencional descansa en un método que categoriza la realidad en términos de la condición del electorado. Por su parte, la tecnopolítica fija su foco de atención en los intereses de la ciudadanía. Esto supone un gran avance, dado que los intereses se vinculan en mayor medida con las emociones y la identidad -vinculación comunitaria y afectiva-. Asimismo, la tecnopolítica permite romper con la estructura secuencial de la política, donde unos piensan, otros analizan y otros comunican. Se pasa así de un organigrama a un ecosistema digital relacional, que modifica las reglas del juego y crea el terreno donde se producen las transformaciones sociales más importantes: sedes vs. redes, casas vs. causas, etc.

Territorio social, red y causa son nuevos elementos que nos han permitido repensar la política. En este sentido, la comunicación en la tecnopolítica se torna esencial para la creación de intereses, operando en un campo estratégico para la construcción de mayorías. La diversidad del hecho comunicativo para explicar la política es el factor que mejor explica este fenómeno, que es insustituible para la creación de nuevos territorios, nuevas redes y nuevas causas. El activismo es, por tanto, el resultado de este proceso: no se trata de supporters, ni de seguidores o repetidores, ni hay que esperar ni pedir permiso. El militante espera una instrucción y un encuadramiento, mientras que el nuevo activista genera sus propias secuencias. Por ello, existen brotes de innovación política en la tecnopolítica, donde se desarrollan dinámicas de emancipación, de creación e innovación más activas, protagonistas y fuertes emocionalmente.

Una nueva demoscopia basada en las opiniones, las búsquedas, los intereses y el consumo crea un mundo más rico en términos de análisis de tendencias y medición, más completo y complejo. El interés (búsquedas) puede ser el dato revelador de nuestras intenciones de voto, en detrimento de nuestras condiciones físicas (dónde vivimos, cuánto ganamos, qué edad tenemos, etc.). De igual manera, nuestras preferencias, manifestadas a través del consumo, pueden ser también un dato determinante (por ejemplo, las encuestas de Starbucks USA nunca se equivocan al elaborar encuestas sobre las elecciones presidenciales, basado en las tazas vendidas con la cara de cada candidato). Las convicciones y las creencias (autochecking y mercados predicción) son materia prima muy significativa para predecir el voto, más allá de lo que la persona quiera manifestar verbalmente. En este sentido el Big Data y el microtargeting cumplen un papel revelador.

Por su parte, los partidos políticos tradicionales no están diseñados para aprender, sino para la colonización, para ocupar el tiempo y el espacio de lo geográfico. Creen que la manera de resolver los problemas es ocupando las instituciones. En esta situación, una nueva visión ha de ser adoptada, de tal forma que la realidad y la política puedan acompasarse. Por todas las razones hasta ahora expuestas, nos encontramos ante un nuevo poder, con una nueva ordenación y nuevos contenidos: el nuevo patrón de construcción del poder está compitiendo con el viejo. Hay una nueva jerarquización relacional, donde importan más las búsquedas en Google del individuo que sus condiciones sociodemográficas. Se trata de enfatizar el visualthinking como fuente de conocimiento del individuo.

En este contexto, las voces serán más importantes que los votos.

Extracto del uda ikastaroak “La política twitteada: el alcance de la participación ciudadana a través de las redes sociales“, intervención de Antoni Gutiérrez Rubí, IDEOGRAMA – Consultor político. 

El impacto de internet en la democracia: un nuevo contexto

Las redes sociales e internet han modificado y seguirán modificando la práctica política, creando incertidumbres y haciendo obsoletas las prácticas tradicionales. Hay un salto tanto cuantitativo como cualitativo materializado con el uso del internet como medio de comunicación no tradicional. Ha logrado combatir la escasez de información para dar paso al exceso, creando una audiencia activa.

Los medios tradicionales de comunicación son aduaneros, vigilan la frontera entre el espacio social y el espacio público. La supresión de esta frontera ha sido la mayor innovación que ha conllevado el uso masivo de internet. En sí, internet no fue pensado como procedimiento para que un emisor transmita un mensaje a una masa pasiva; sino que conecta sujetos que son a la vez emisores y receptores de la información, haciendo que la esfera pública y privada sea difícil de separar. Ello ha conllevado la desjerarquización y horizontalización de la sociedad. La distinción entre el profesional y el aficionado, entre actores y audiencias, entre redactor y lector cada vez es más difusa. El espacio público ya no es gestionado por los periodistas y los profesionales de la política. Se está configurando una suerte de panoptismo horizontal, donde todos los individuos tenemos la posibilidad de ver todo.

Por otra parte, la descentralización de internet viene dada por la conectividad ilimitada que posibilita. Las grandes redes carecen de un centro por cuanto priman su extensión por encima de cualquier otro tipo de organización. Por su propia naturaleza extensiva, las redes son incontrolables, cuestionan la autoridad vertical y la estructura jerárquica tradicional. Favorecen la observación, la colaboración y la auto organización sin necesidad de una autoridad central.

Las nuevas tecnologías han hecho que nuevos temas logren entrar en la agenda-setting. La desigualdad que crea la nueva brecha digital es uno de ellos. Los internautas se mueven en un espacio horizontal, pero sería una ilusión pensar que todos los que intervienen en internet lo hacen en igualdad de condiciones: mejor software, mayor formación, mayor capacidad para procesar la información, etc., son cualidades que configuran un espacio desigual. Se ha creado un mundo de ricos y pobres en datos producidos y recibidos. No todos tenemos el mismo acceso a los datos. Si bien los bancos de datos son públicos, no todos los individuos tenemos la misma capacidad para gestionarlos. El ecosistema del Big Data crea una gran desigualdad, por cuanto quien tenga el poder de manejar los datos, tendrá el poder de fijar las reglas del juego para su utilización.

Con este escenario, cabe pensar que cada vez más la agenda-setting está al servicio de las preferencias ciudadanas expresadas en este tipo de medio de acción política no convencional. Se crea entonces, desde una perspectiva neoliberal y al mismo tiempo libertaria, un mercado de necesidades y preferencias al que han de atender los políticos. El Big Data, en este sentido, encierra una visión enormemente conservadora que sus algoritmos confirman. Estos instrumentos no permiten escapar de la regularidad del pasado de cada individuo. Se presentan a sí mismos como neutrales, pero hay que tener en cuenta la irrupción de los cambios en nuestros gustos, nuestro pasado desigual, etc. Detrás de los datos hay estrategias de comunicación, hay dinero y hay poder, por lo que crear la reputación de un individuo o ente a partir de los mismos puede ser peligroso.

Hoy en día, coexisten la lógica web y la del espacio público tradicional; existen al mismo tiempo movimientos sociales y partidos políticos tradicionales. Internet, en general, es un medio deficiente a la hora de organizar el proceso de toma de decisiones. Como herramienta, favorece la movilización, la agregación de opiniones y la heterogeneidad de actores con un coste muy bajo de entrada y salida, por lo que puede llegar a complementar las funciones del espacio público tradicional, que facilita la toma de decisiones y la organización. Las comunidades creadas a través de la web son comunidades débiles. Detrás de todo ello persiste la idea de que somos una sociedad que constantemente interactúa con la lógica mercantil.

Las instituciones políticas tratan de utilizar las redes en su beneficio, modificando lo menos posible su microclima, su universo horizontal, centralizado y jerárquico. Tratan de moldear internet a su estructura tradicional. Por ello, evitan animar el debate sobre el uso de las nuevas tecnologías. El objetivo principal es dar sensación de cercanía e inmediatez para con el ciudadano, pero no deja de ser una mera simulación. La red tiene dos principales propiedades: (i) no se deja dirigir fácilmente –caso Ikea– y (ii) no es un instrumento adecuado para la toma de decisiones públicas. Las consultas por internet carecen de espontaneidad y son totalmente imprevisibles, por lo que normalmente no han dado buenos resultados, bien por falta de participación o bien por falta de legitimidad institucional de las nuevas voces que emergen de tales estructuras de decisión.

Con todo ello, cabe preguntarnos ¿qué tipo de comunidad estamos creando? La mercadotecnia es cada vez más relevante, por lo que una comunidad de clientes puede convertirse en una realidad. El determinismo digital y tecnológico es un fenómeno con el que tenemos que tener cautela, por cuanto los problemas políticos no pueden ser resueltos por máquinas.

Extracto del uda ikastaroak “La política twitteada: el alcance de la participación ciudadana a través de las redes sociales“, intervención de Daniel Innerarity Grau, Director de Globernance (Gobernantza demokratikoaren institutua).

Participación política no convencional en materia medioambiental

La sostenibilidad del medio ambiente es, en la actualidad, un objetivo prioritario que responde a una preocupación no sólo observada a nivel local, sino también a nivel nacional e internacional. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas proponen garantizar dicha sostenibilidad mediante la incorporación de los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales. Para ello, la Unión Europea ha asignado el 20% del Marco Financiero Plurianual (MFP) de 2014-2020 con el fin de impulsar diferentes acciones de lucha contra el cambio climático, siendo éste un elemento clave de las principales políticas de dicho organismo […]

Dialnet – Participación política no convencional en materia medioambiental en España.

Gracias a la Revista Online de Estudiantes de Derecho, y muy especialmente a su directora, Patricia Fernández Cuadrado, por hacer posible esta publicación.

LAS ACTITUDES POLÍTICAS EN EL CONTEXTO DE CRISIS ECONÓMICA E INSTITUCIONAL

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La actitud política, como variable intermedia entre una opinión –comportamiento verbal– y una conducta –comportamiento activo–, se presenta como una respuesta que dan los individuos ante una situación política dada[1]. En el caso de España, se han venido examinando tres principales actitudes hacia la democracia, a saber, la legitimidad democrática, el descontento político y la desafección política[2].

En el presente artículo se tratará de dar respuesta a la hipótesis según la cual (H1): Los niveles de desafección política han disminuido entre los años 2008 a 2015, respecto a los años anteriores a 2008 y  posteriores al periodo de transición en España. La hipótesis se basa así en la creencia de que la crisis económica e institucional ha derivado en una serie de circunstancias –como el aumento del desempleo y de las desigualdades sociales– que, como resultado, ha propiciado que los ciudadanos muestren una menor satisfacción con el funcionamiento de la democracia, aumentando así su desconfianza hacia las instituciones políticas. Como consecuencia, es razonable pensar en el aumento de los  niveles  de  participación  política  que  la  sociedad  promueve  para  cambiar  la  situación  actual, incrementando, por tanto, su interés por la política[3].

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[1] Cf. Peschard, J. (1994). La cultura política democrática. Capacitación Electoral y Educación Cívica, Instituto Federal Electoral.

[2] Cf. Montero, J. R., Gunther, R., Torcal, M., & Menezo, J. C. (1998). Actitudes hacia la democracia en España: legitimidad, descontento y desafección. Reis, pp. 9-49

[3] Garcia-Albacete, G., Lorente, J., & Martín, I. (2013). How does the “crisis generation” relate to politics. Working Paper, Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política, Sevilla.